Los escenarios no dicen qué va a pasar: sirven para probar si una decisión sobrevive a lo que podría pasar. Una estrategia robusta funciona razonablemente en los tres futuros, compra el derecho a crecer si llega el mejor y sabe de antemano qué señal la obliga a cambiar.
Este capítulo sigue el marco de Hugh Courtney, Jane Kirkland y Patrick Viguerie para decidir con incertidumbre. Primero se elige una postura frente al futuro. Después se arma un portafolio con tres tipos de movimientos: los que valen en cualquier escenario, las opciones pequeñas que mantienen la puerta abierta y las grandes apuestas que solo se hacen cuando se cumple un gatillo.
Moldear
Empujar el futuro hacia un escenario: proponer reglas, estándares o alianzas. En Venezuela solo es creíble en coalición, entre gremios, grandes operadoras, multilaterales y el propio Estado.
Ejemplo: proponer en bloque un contrato modelo con arbitraje internacional y publicación de pagos.
Adaptarse
Aceptar que el desenlace no depende de uno y moverse más rápido que los demás cuando cambian las señales. Es la postura natural de las operadoras medianas, las empresas de servicios y los proveedores.
Ejemplo: contratos cortos, equipos móviles y un plan listo para cada escenario.
Reservarse el derecho a jugar
Hacer inversiones pequeñas que mantengan la puerta abierta sin comprometer capital mientras no se aclaren las reglas. Es la postura de quien todavía no está: grandes petroleras, bancos y fondos.
Ejemplo: relaciones con operadores, estudios técnicos y una lista de gatillos para entrar.
En el reporte completo: la agenda estratégica para cada tipo de organización, el túnel de viento para probar un portafolio de movimientos y la lista de movimientos para el sector.